
No seas perfect@. Intenta hacerlo suficientemente bien.
Hace décadas, el pediatra y psicoanalista revolucionó la forma de entender la crianza al introducir un concepto que sigue siendo profundamente liberador: la madre suficientemente buena.
Frente a la idea imposible de una madre perfecta, Winnicott propuso algo mucho más humano. Lo importante no era responder de forma impecable a cada necesidad del bebé, sino estar disponible, conectar con él y acompañarlo de manera suficientemente adecuada la mayor parte del tiempo.
De hecho, los pequeños errores, las frustraciones cotidianas y las inevitables imperfecciones forman parte del desarrollo saludable. Un bebé no necesita perfección para crecer. Necesita un entorno seguro, flexible y suficientemente bueno.
Con el paso del tiempo, Winnicott amplió esta idea y puso el foco no tanto en quién cuida, sino en la función de cuidado. Lo importante es que exista un entorno que facilite el desarrollo físico y emocional de la criatura.
Y es precisamente esta idea la que me lleva a una reflexión que va más allá de la crianza.
¿Qué ocurriría si aplicáramos el concepto de “suficientemente bueno” a nuestra forma de alimentarnos y cuidarnos?
Porque quizá uno de los grandes problemas de nuestra época no sea la falta de información sobre salud, sino la presión por hacerlo todo perfecto.
Buscando obsesivamente una vida saludable, a veces acabamos perdiendo precisamente aquello que intentábamos conseguir: la salud.
La salud no suele encontrarse en la perfección, sino en la flexibilidad.
No en cumplir normas de manera rígida, sino en aprender a escucharnos.
No en controlar cada decisión relacionada con la comida, sino en construir una relación más amable con ella y con nuestro cuerpo.
Igual que un bebé no necesita una madre perfecta para desarrollarse, las personas tampoco necesitamos hábitos perfectos para cuidarnos.
Necesitamos entornos, profesionales y relaciones que nos ayuden a avanzar desde la comprensión y no desde la exigencia.
Que fomenten la curiosidad en lugar del miedo.
Que acompañen en lugar de imponer.
Que entiendan que los cambios sostenibles se construyen paso a paso.
Quizá el objetivo no sea alcanzar una alimentación perfecta.
Quizá el objetivo sea algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más difícil:
Construir una vida suficientemente saludable.
Una vida en la que haya espacio para el autocuidado, pero también para el disfrute.
Para la conciencia, pero también para la flexibilidad.
Para la responsabilidad, pero también para la compasión.
Porque muchas veces lo suficientemente bueno no es conformarse.
Es exactamente lo que necesitamos.




